El convento de San Francisco de Barcelona.-a


Esteban Aguilar Orellana ; Giovani Barbatos Epple.; Ismael Barrenechea Samaniego ; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; -Rafael Díaz del Río Martí ; Alfredo Francisco Eloy Barra ; Rodrigo Farias Picon; Anllela Hormazabal Moya ; Patricio Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas ; Gustavo Morales Guajardo ; Francisco Moreno Gallardo ; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa ; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma ; Cristian Quezada Moreno ; Edison Reyes Aramburu ; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos ; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba ; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala ; Marcelo Yañez Garin; Ana Karina Gonzalez Huenchuñir; Alamiro Fernandez Acevedo; Francia Carolina Vera Valdes; Tatiana Flor Maulén Escobar; Raúl Meza Rodríguez; 

Ábside de la iglesia en el siglo XIX.

El convento de San Francisco de Barcelona fue el principal convento franciscano de la ciudad de Barcelona (España). Fue demolido en 1837.

Tumbas reales


La iglesia del convento de San Francisco fue elegida como lugar de sepultura por numerosos miembros de la familia real aragonesa, así como numerosos miembros de la nobleza, sobre todo barcelonesa. En San Francisco de Barcelona fueron sepultados el rey Alfonso III el Liberal y su madre la reina Constanza de Sicilia, esposa de Pedro III el Grande, ambos sepultados con el hábito franciscano.

Asimismo recibieron sepultura entre estos muros la reina Sibila de Fortiá, cuarta esposa de Pedro IV de Aragón, la reina María de Chipre, esposa de Jaime II de Aragón, y la reina Leonor de Aragón, reina de Chipre por su matrimonio con Pedro I de Chipre, nieta de Jaime II de Aragón. También recibieron sepultura en este Convento los infantes Jaime I de Urgel y Fadrique, hijos de Alfonso IV de Aragón.

Los restos de todos los personajes reales nombrados anteriormente, al ser exclaustrados los frailes franciscanos y violadas muchas de las sepulturas, fueron trasladados, introducidos en sacos, a la Catedral de Barcelona, donde en 1852 fueron colocados todos en dos urnas de mármol, sufragadas por la reina Isabel II de España, que fueron colocadas en la Capilla de los Mártires del claustro de la Seo barcelonesa, donde permanecieron hasta el 13 de octubre de 1998, día en el que se trasladaron los restos al interior de la Catedral, donde pueden hoy admirarse en el muro del Altar Mayor, en el lado del Evangelio, en unas urnas esculpidas por el artista catalán Frederic Marès.

Otras sepulturas reales

Otros miembros de la familia real aragonesa fueron sepultados en el Convento de San Francisco, pero sus restos no figuran como trasladados a la Catedral de Barcelona. Dichos miembros de la familia real son Timbor de Prades, hija del conde Juan de Prades y bisnieta de Jaime II de Aragón, Sancha Jiménez de Cabrera, hija de la anterior y tataranieta de Jaime II de Aragón, Cecilia de Urgel, hija del conde Pedro II de Urgel y bisnieta de Alfonso IV el Benigno, y también el infante Pedro, hijo de Pedro IV el Ceremonioso y de Sibila de Fortiá, muerto en la infancia, aunque en ciertas fuentes está registrado que el pequeño infante Pedro fue primeramente sepultado en el Convento de San Francisco de Barcelona, y posteriormente, en 1369, fue trasladado junto a su abuelo Alfonso IV el Benigno al Convento de San Francisco de Lérida. Actualmente, los restos de Alfonso IV el Benigno se encuentran sepultados, al parecer, en la Catedral Vieja de Lérida.

El infante Jaime de Aragón, hijo primogénito de Jaime II y heredero de la corona, fue sepultado según las fuentes documentales más antiguas en la catedral de Tarragona, pero en ciertas crónicas posteriores se manifiesta que sus restos fueron trasladados a este Convento de San Francisco de Barcelona. Esta teoría sólo tiene como fundamento el que en la Catedral de Tarragona, a pesar de estar documentado que allí recibió sepultura el polémico infante, jamás ha habido evidencia arqueológica de ello. En cualquier caso, tanto si el cadáver del infante Jaime fue trasladado aquí, como si aún se conserva en la Catedral de Barcelona, los restos mortales de este infante no figuran entre los trasladados a la Seo barcelonesa.

Exclaustrados los frailes franciscanos en 1835, durante la desamortización de Mendizábal, el conjunto conventual de San Francisco, junto con la iglesia del Convento, fueron demolidos en 1837, sin que se haya conservado prácticamente nada del edificio, excepto la estatua yacente atribuida al sepulcro de María de Chipre. Al ser demolido el convento, en el solar que ocupaba se alzaron bloques de viviendas y se abrió la actual plaza del Duque de Medinaceli.

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