¿Por qué nos gustan tanto las series?; Serie de Televisión: El Alienista; a



La tercera edad de oro de la televisión


¿Por qué nos gustan tanto las series?

En este blog siempre hemos hecho referencia a un término acuñado por el periodista Brett Martin: «La tercera edad de oro de la televisión». Pero, ¿qué significa? ¿Cuántas épocas de esplendor ha conocido la televisión?
La televisión ha cambiado. Han pasado muchos años desde que se estrenaron las primeras series televisivas globales: El príncipe de Bel-Air, Primos lejanos, MASH, La Ley de Los Ángeles, Cosas de casa, Sensación de vivir, Melrose Place, Perry Mason, La casa de la pradera, Autopista hacia el cielo o Luz de luna por citar algunas.
Sin esas series no podríamos estar disfrutando de lo que ha venido a llamarse la Tercera edad de oro de las series de televisión. Y esta tercera edad de oro que estamos viviendo, no se podría entender sin la valentía de un puñado de jóvenes y talentosos guionistas que un buen día decidieron cambiar la forma de hacer televisión en Estados Unidos.

Todo vino precipitado por el nacimiento y apogeo de la televisión por cable norteamericana, con canales de suscripción y canales abiertos. Cadenas que podían emitir lo que quisieran sin verse encorsetadas en los clichés de la televisión tradicional que permanecía, y en muchos casos todavía sigue, anquilosada en viejas creencias conducentes hacia el callejón sin salida de la no creatividad.

Claro está, las cadenas de televisión tradicionales responden a una premisa: la publicidad de sus anunciantes. Sin ella, estas cadenas dejan de existir, se convierten en un alma en pena en el limbo infinito de los fracasos. Y los anunciantes, por su parte, alimentan la creatividad de estas cadenas según la audiencia y el público objetivo que intentan satisfacer.

En Estados Unidos, las cadenas generalistas (networks) emiten y crean series de televisión considerando la hora y el día de emisión, ya que esos factores delimitan el tipo de público que va a estar enfrente de la pantalla de televisión, y atendiendo a ese tipo de espectador, los anunciantes decidirán insertar más o menos publicidad, o decidirán qué tipo de publicidad ofrecen a la audiencia objetivo.

Fácil. Por eso, la famosa televisión por cable que tantas veces hemos oído en series de televisión o en el cine, encarna un ente mucho más libre, pues obtiene su financiación gracias a los suscriptores que deciden abonarse al canal y pagar un precio.

Este contrato social conlleva una contrapartida: el canal ha de ofrecer a sus abonados productos y series de calidad, libres de la tiranía de los anunciantes, los datos demográficos o las audiencias, al menos en una visión utópica de la televisión.

Por supuesto, las audiencias siguen dictando las normas en estos canales. Ellos también cancelan sus productos si el éxito no acompaña, pero se mueven con mayor libertad de acción.

Pero volvamos a los verdaderos protagonistas. Esta tercera edad de oro de la televisión cuenta como referentes series actuales —Breaking Bad, Perdidos, Homeland, Mad Men, Sons of Anarchy, Dexter, The Walking Dead, House of Cards, The Shield, The Wire, A dos metros bajo tierra, Juego de tronos, Mr. Robot, Fargo o The Leftovers— y no habría sido posible de no ser por unos jovenzuelos arriesgados y rompedores de las reglas del juego.

Hablo de grandes guionistas que un buen día decidieron sacar sus guiones llenos de polvo de unas desvencijadas cajoneras y probar suerte con los productores y dueños de las nuevas cadenas de televisión por cable, a saber: HBO, FX o AMC.

Estos nuevos guionistas eran tipos que cumplían a la perfección con el slogan «JASP» de aquel anuncio de coches, es decir, jóvenes aunque sobradamente preparados. Se caracterizaban por romper los estereotipos implantados hasta ese momento en la industria televisiva.

Se acabaron los señores cincuentones embutidos en trajes lo suficientemente caros como para demostrar que los que mandaban eran ellos, y que no dejarían en manos de nadie, sus parrillas televisivas llenas de grasa requemada.

Estábamos ante grandes talentos carentes de suerte con sus guiones, ya que hasta esa fecha la televisión no había encontrado un hueco para acomodarlos. Despeinados, recién cumplida la treintena y vestidos con zapatillas de grandes lengüetas y camisetas del WalMart.

Algunos de sus nombres posiblemente no os suenen, porque sus creaciones les han trascendido, pero si os pongo las series que crearon junto a sus nombres, seguro que se escapa algún ¡ah! al leer estas líneas:


 Steven Bochco (Canción triste de Hill Street), David Chase (Los Soprano), John Falsey y Joshua Brand (St. Elsewhere, Doctor en Alaska), Alan Ball (A dos metros bajo tierra, True Blood, Banshee), David Milch (Deadwood), Marta Kauffman (Friends), David Simon y Ed Burns (The Wire), Shawn Ryan (The Shield), Veena Sud (The Killing), J.J. Abrams (Alias, Perdidos), Damon Lindelof (Perdidos, The Leftovers, Watchmen) o Vince Gillian (Breaking Bad).

Estos tipos entraron en las incipientes cadenas por cable y revolucionaron el mundo de la televisión y las salas de guionistas. El proceso de creación de un guion era mucho más intenso, pasional e improvisado.

Había todo un equipo de grandes guionistas trabajando en cada episodio bajo las órdenes del líder de ese equipo de redactores, el creador y desarrollador de la serie, lo que hoy se conoce como showrunner, pero que en esos años de las décadas de los ochenta y noventa, sonaba más (como solía decir David Chase) a una marca de moto de agua, que a un cargo en una serie de televisión.

Los había de toda clase y condición. Desde los metódicos hasta los que rebosaban puro talento e improvisación (David Lynch con su experimental Twin Peaks), o hasta los más histriónicos y tiránicos como a veces podía ser el propio David Chase (Los Soprano).

Desde luego, la sala de guionistas y el plató de rodaje de Los Soprano —probablemente la primera gran serie que abrió el camino de las series actuales— debió de ser de todo menos aburrido, como así relata Brett Martin, redactor de la revista GQ en su libro Hombres fuera de serie.

Las anécdotas con David Chase fueron muchas y también los alocados momentos que su protagonista —el fallecido James Gandolfini— protagonizó cuando más de una vez llamó al estudio porque se había quedado literalmente tirado en mitad de la nada, después de haberse ausentado varios días del rodaje víctima de un descomunal resacón.


Con Los Soprano, había nacido una nueva época, la nueva era de las series de televisión.




The Alienist (TNT, 2018-). Guion: Hossein Amini, Kristina Lauren Anderson, Cary Joji Fukunaga (Novela: Caleb Carr). Reparto: Daniel Brühl, Luke Evans, Dakota Fanning, Martin McCreadie, Anson Boon, Ted Levine, Sean Young

La cadena TNT ha dado luz verde al proyecto El ángel de la oscuridad, adaptación de la obra de Caleb Carr y continuación de El Alienista. Con este movimiento todo parece indicar que, al menos en términos comerciales, los responsables de la primera temporada de la serie han quedado satisfechos con el resultado. El resto de los telespectadores, en cambio, quizá no lo estén tanto.
El Alienista es una de tantas historias de crímenes protagonizadas por el clásico profiler a la caza del asesino serial, como True Detective, como Mindhunter, como Ripper Street… entre otras muchas. No obstante, presenta algunas particularidades que la hacen ligeramente diferente: en primer lugar, su ambientación y ubicación en el Nueva York decimonónico finisecular; en segundo lugar, la cuadrilla investigadora; y, en tercer lugar, lo poco habitual y novedoso de las víctimas del asesino.

La ambientación

El Nueva York de finales del XIX —probablemente como cualquier otra ciudad de finales del XIX— propone un entorno interesante cargado de conflictos de clase y raza; pugna entre ley civil y natural; incipientes avances tecnológicos que se adivinan revolucionarios; y un crisol de dogmas y tradiciones que ha sido retratado, y con maestría, en otros títulos como The Knick. La ciencia forense está todavía en pañales; los métodos policiales se circunscriben al ámbito de la fuerza bruta, y el rol de los psiquiatras y psicólogos en la investigación criminal todavía no se ha inventado, por lo que el alienista —que es una suerte de antecesor de los profesionales de la salud mental— encuentra de entrada las miradas despectivas y reticentes del cuerpo de policía de la ciudad.
La ambientación de la serie obra una auténtica maravilla en este sentido. Rodada en Budapest, la diseñadora de producción Mara LePere-Schloop —colaboradora habitual del productor Cary Joji Fukunaga y responsable, entre otros, del laberíntico entorno íntimo del villano de Múltiple (M. Night Shyamalan, 2016)— logró aprovechar los interiores de diversos edificios históricos, así como recrear un set de enormes proporciones para dar vida y luz con realismo al Nueva York de 1890, lo que ha evitado previsiblemente el abuso de cromas y otros falseamientos.


El equipo











La segunda particularidad destacable de la serie es su protagonismo. A la labor del doctor-alienista Laszlo Kreizler hay que sumar una desvencijada cuadrilla conformada por un dibujante alcohólico y putero del New York Times; una secretaria de la comisaría de policía que dirige el futuro presidente Theodore Roosevelt —la primera mujer en un puesto así—; y dos médicos de origen judío poco o nada respetados en el ámbito de la apenas existente investigación forense.
Los intérpretes se muestran solventes en estos roles. Especialmente Luke Evans y Dakota Fanning, que aportan entereza, presencia y carácter a sus papeles y que terminan por eclipsar a un sobreactuado Daniel Brühl, quizá de apariencia demasiado juvenil para el rol protagónico. El trasfondo de cada uno de ellos enriquece el relato con temas tangenciales a la historia principal, como el rol de la mujer en el ámbito profesional y en sociedad, o la importancia de la posición social y la reputación en el opresivo entorno finisecular.

Las víctimas

En tercer lugar, las víctimas del asesino en serie que persiguen durante la primera temporada de diez episodios suponen también una novedad, aunque solo a medias. El género de los serial killers, tanto en su vertiente cinematográfica como televisiva, nos tiene acostumbrados a la victimización femenina. Es habitual que sean mujeres jóvenes quienes sucumban a la cruenta acción de los destripadores ficcionales mientras los investigadores masculinos tratan de dar caza al monstruo. En esta ocasión, en cambio, las víctimas son niños varones, si bien con una particularidad: todos ejercen la prostitución travestidos.
De este modo, El Alienista se adentra en un terreno tan turbio y grotesco como inexplorado. El recorrido que nos proponen los directores Jakob Verbruggen, Jamie Payne, James Hawes o el español Paco Cabezas por el Nueva York decimonónico va desde las suntuosas mansiones de clase alta —interesante la participación de Sean Young en este ámbito— hasta los burdeles clandestinos de los arrabales, donde vemos como los niños vestidos con ropas y maquillaje femeninos se ofrecen a los pederastas que frecuentan tales lugares, y que son tanto rufianes como caballeros de noble cuna.

Los problemas

Ahora bien, la serie, a pesar de estos ingredientes, presenta no pocos problemas. A la ya citada sobreactuación del protagonista hay que unir todo un elenco de secundarios tan planos y arquetípicos que conforman en conjunto un enorme y aburridísimo cliché. La deriva de las situaciones, además de predecible, queda verbalizada en exceso, especialmente la referente al vínculo romántico entre los integrantes del elenco principal. Y la presentación estética de los acontecimientos cae en el morbo gratuito, recreándose en la truculencia —cadáveres de niños con los ojos arrancados— y lo sangriento, como si la pátina de la ambientación de época fuera un salvoconducto para el gore.



1.-El chico del puente
The Boy on the Bridge

Tras la aparición del cadáver mutilado de un joven, el alienista Laszlo Kreizler encuentra similitudes con un crimen sin resolver relacionado con un expaciente suyo.

2.-Una asociación fructífera
A Fruitful Partnership

El hermano de Giorgio le cuenta a Sara un interesante dato mencionado por la Policía, Kreizer reúne al equipo para una misión y John investiga en el burdel.

3.-La sonrisa de plata
Silver Smile

Sally y Kreizler tratan de encontrar la relación entre el asesino y sus víctimas. Tras el hallazgo de un nuevo cadáver, Sara detecta que existe un patrón geográfico.

4.-Pensamientos sangrientos
These Bloody Thoughts

Kreizler visita a una expaciente para entender el sadismo. John propone una teoría sobre la sonrisa de plata. La Sra. Santorelli recibe una perturbadora carta.

5.-El estornino de Hildebrandt
Hildebrandt's Starling

Gracias a un detalle en la carta, Kreizler averigua la fecha del próximo asesinato. Cuando Roosevelt se entera de quién es el sospechoso, decide ocuparse personalmente.

6.-Ascensión
Ascension

El equipo utiliza a Stevie como cebo para el asesino, Sara se enfrenta a Kreizler a cuenta de una incomprensible mentira y Connor descubre que Willem se ha escapado.

7.-Varios hombres santificados
Many Sainted Men

Las mutilaciones del cadáver más reciente sugieren algún vínculo entre el asesino y el oeste. Kreizler se ve obligado a reflexionar sobre cómo trata a sus subalternos.

8-Psychopathia Sexualis
Psychopathia Sexualis

En el hospital de St. Elizabeth, Kreizler y John identifican a un soldado que encaja en su perfil. A raíz de esta información, Sara visita su hogar natal en Nueva York.

9-Réquiem
Requiem

Mientras Cyrus planea su venganza contra Connor, Sara conduce al equipo hasta la Oficina del Censo, donde hallarán una pista sobre el paradero del sospechoso.

10- Un castillo en el cielo
Castle in the Sky

John le abre su corazón a Sara, agobiado tras la desaparición de Joseph. Por su parte, Sara y Kreizler comparten tramas del pasado y Kreizler se enfrenta al asesino.



Personajes

Daniel Brühl como Laszlo Kreizler, [7] un alienista (o psiquiatra) [8] que se ha centrado recientemente en niños que padecen enfermedades mentales, llamado por su ex compañero de Harvard Theodore Roosevelt para tratar de comprender la psicología detrás de horripilantes asesinatos de niños. Es húngaro y proviene de una familia acomodada. Vive solo salvo por su criada, ayuda de cámara y mozo de cuadra. Tiene un brazo cojo y con frecuencia busca la información de antiguos pacientes y criminales para que lo ayuden con sus investigaciones e investigaciones.

Luke Evans como John Schuyler Moore, [7] un dibujante e ilustrador del New York Times , así como un hombre de sociedad que asistió a Harvard con Kreizler y Roosevelt. Vive con su abuela y está separado de su padre tras la muerte por ahogamiento de su hermano. Es guapo y encantador, pero alcohólico y frecuentador de burdeles, y permanece soltero después de que su prometida lo dejó por otro hombre. Como Roosevelt, conoce a Sara desde que era joven.

Brian Geraghty como Theodore Roosevelt (temporada 1), [9] el comisionado recién nombrado del NYPD. Se lo retrata como imponiendo respeto por parte de ciertas personas, pero sigue siendo maleable por los oficiales de policía de Nueva York más venerables y veteranos de la sociedad. Asistió a Harvard con Kreizler y Moore, a los que pide que monten una investigación paralela y secreta sobre los asesinatos de niños. Contrata a Sara Howard como su secretaria, habiendo conocido a su padre, y la tiene en alta estima. En algún momento después de la primera temporada, Roosevelt dejó vacante su puesto.

Robert Ray Wisdom como Cyrus Montrose, [10] ayuda de cámara de Kreizler a quien contrató después de testificar en nombre de Cyrus durante un juicio por asesinato.

Douglas Smith como Marcus Isaacson, [11] un joven sargento detective judío de la policía de Nueva York a quien Roosevelt recluta para trabajar con Kreizler, Moore y Howard. Es el hermano gemelo de Lucius y, al igual que su hermano, está bien versado en ciencia e investigación general de la escena del crimen. Se involucra con un socialista judío.

Matthew Shear como Lucius Isaacson, [12] hermano gemelo de Marcus y otro sargento detective de la policía de Nueva York. Es mucho más cauteloso y comedido que Marcus, y está ansioso por utilizar las últimas técnicas científicas para resolver crímenes.

Q'orianka Kilcher como Mary Palmer la criada de Kreizler. Al igual que Cyrus, Kreizler la acogió después de ser absuelta de asesinato. Es muda, usa el lenguaje de señas para comunicarse y siente afecto por Kreizler. Más tarde es asesinada por el Capitán Connor, que estaba buscando a Kreizler durante una redada en su casa, en el final de la primera temporada.

Dakota Fanning como Sara Howard, [14] una joven mujer de sociedad que se convierte en la secretaria de Roosevelt y la primera mujer empleada por el NYPD. Pasó un tiempo en un sanatorio después de la muerte de su padre, a quien conocían Roosevelt y Moore. Está compuesta y decidida a no permitir que sus colegas masculinos la menosprecien. Se involucra con el equipo como enlace entre Roosevelt y Kreizler y Moore. 

Personajes Segundarios

Ted Levine como Thomas F. Byrnes , [11] un jefe de policía retirado que dirige a Connor hacia la protección de los ricos y adinerados de ser perseguidos por sus crímenes e indiscreciones.

Martin McCreadie como Doyle, un sargento de policía que trabaja con Connor y es ascendido a capitán tras su salida de la policía de Nueva York.


David Wilmot como el Capitán Connor, [17] un oficial de policía irlandés al que no le gusta Roosevelt y que intenta subvertir las investigaciones del equipo en todos los sentidos posibles. Más tarde, Sara Howard le dispara y lo mata en el clímax del final de la primera temporada.

Antonio Magro como Paul Kelly , [18] un mafioso que dirige un burdel frecuentado por hombres de la alta sociedad.

Jackson Gann como Joseph, [19] un joven que trabaja en un burdel y que se hace querer por Moore.

Michael Ironside como JP Morgan , financiero y banquero. Utiliza a Connor y Byrnes como su músculo para reforzar la protección de sus compañeros de la alta sociedad.

Sean Young como la Sra. Van Bergen, la matriarca de la familia ficticia van Bergen. En general, no le molestan los rumores sobre las acciones de su hijo, pero Byrnes la obliga a tomar medidas para protegerlo.

Josef Altin como Willem Van Bergen, un joven que se alimenta de niños prepúberes. Sufre de sífilis.

Peter McRobbie como William Lafayette Strong , alcalde de la ciudad de Nueva York de 1895 a 1897. Se hace eco de las preocupaciones de Morgan y Byrnes por la corteza superior de la ciudad.

Bill Heck como John Beechum, un ex residente de Plains que ahora vive en Nueva York

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